Atrasada...
HISTORIAS
5. INUNDACIÓN
(A mis abuelitos, 1996)
Anoche no dormí de nuevo. Te contemplaba mientras dormías. Traté de no moverme mucho y de no hacer ningún ruido. Tu sueño es tan frágil. Se rompe al menor peso. Entonces despiertas preocupada y te levantas a preparar leche con miel, ¡Cómo si me ayudara en algo! Pero entonces ya te sientes tranquila. Yo te lo agradezco, querida Camila. Tú siempre tan buena conmigo, siempre tan atenta con todos. Pero esta vez no puedes ayudarme. Acaricio tu largo cabello plateado que se desgreña de la trenza frondosa con que te peinas para dormir y tú, suspiras.
En la mañana, mientras lavo los platos del desayuno, tú me miras fijamente y preguntas qué sucede. Yo no te puedo decir. Evado tus preguntas. Para qué preocuparte? Para qué entristecerte? No quiero hablarte de mis noches sin sueño, cuando la veo acercarse a nuestro lecho y sonreír bajo su manto oscuro. Tengo miedo, Camila, mucho miedo: miedo de no saber qué pasará después, miedo de estar sin ti. Por eso me ves refugiarme entre tus brazos mientras tú ríes, alegre como siempre y me llamas niño asustado. Sé que pronto nos separaremos.
Todavía recuerdo el primer día en que te vi. Tú montabas airosamente un caballo tordillo, con tu hermoso cabello negro flotando entre el viento. Yo llegué a tu casa para comprar el caballo azabache que tu madre vendía, ¿lo recuerdas? Recuerdas cuando le dijiste a tu hermana, después de haberme visto, que yo sería tu esposo, sin saber Camila, que yo había decidido ya que serías mi esposa, mi reina desde que te vi la primera vez montando tu caballo... Eres mi reina, siempre lo serás, amada Camila. Juntos construimos un reino, nuestro reino. Es verdad que muchas veces discutimos fuerte, pero tuvimos la habilidad de no herirnos, de no dañarnos, de respetarnos siempre, y así nuestro reino se consolidó. Plantamos árboles y flores que desbordaron de colores nuestro jardín. Creamos un lugar tan bello como aquel, a la orilla del río donde por primera vez mis labios rozaron los tuyos, ¿Lo recuerdas aún? Fue en mayo, los nazarenos, los madrecacao y los árboles de fuego estaban cubiertos de flores. Un viento tibio desprendía algunas que se iban adornando las aguas claras. Los mangos ya estaban maduros. Lo recuerdo tan bien todo, con tanta lucidez. Puedo sentir el aroma de las frutas maduras...
Nos amamos tanto. Y ahora debemos separarnos. No quiero dejarte. Ni que tú te vayas. Por eso tengo miedo. Por eso no duermo, para impedir que se acerque y nos separe. Porque al verme despierto, se va. Has de saber, esposa mía que te sigo amando, como lo he hecho desde siempre y como lo haré por toda la eternidad. Una noche, me vencerá el sueño. Y uno de nosotros no despertará. La luz se habrá ido de nuestros ojos cansados. Si soy yo, no llores mucho por mí. Déjame ir a descansar mientras recobro fuerzas. Te esperaré, querida no lo dudes. Estaré esperándote detrás de los atardeceres. Y si eres tú... me harás mucha falta, pero te dejaré ir en paz. Porque te amo y agradezco el tiempo que me has dado. Sin embargo, ¡Oh, Camila! Mi alma está inundada de miedo!
Por eso no me levanto durante la noche. En el día, la luz del sol lo aleja un poco y el piso está seco, transitable. Pero de noche, se desborda. Inunda nuestro cuarto y si me pusiera de pie, me ahogaría. Sabes bien que nunca aprendí a nadar. Tú no lo sabes, no lo has visto. Por eso caminas sin hundirte. Vas y vienes sobre él. Yo no puedo. Te ríes porque no me animo a salir de la cama durante toda la noche. Para mirar la lluvia de estrellas tuviste que encender todas las luces de la casa y colocar velas encendidas formando un camino hacia la ventana. Tú lo hiciste entre risas y bromas, por mis extravagancias de anciano. No son extravagancias. Simplemente quería ver la lluvia de estrellas contigo, sin ahogarme. Quizá esa fue la última que vimos juntos. Fue hermoso.
No debería tener miedo. Es algo que a todos nos sucede, parte del ciclo de la vida. Por algo somos sólo humanos, con un cuerpo corruptible. Sólo por eso, me alegro. Aún cuando quizá no te vea por mucho tiempo. Porque cuando te vuelva a ver, ya no tendremos estos cuerpos que a pesar de todo el placer que nos han dado, también nos han limitado ahora. Y podremos estar juntos por siempre, como un solo ser.
Querida, esta noche me he dado cuenta: Yo me iré primero. Tú eres más fuerte y valiente, por eso no me preocupo tanto. Pronto va a amanecer. Los gallos ya están cantando. Esta noche sí dormiré. En la mañana te daré una rosa blanca y por la tarde llamaré a nuestros hijos y nietos para despedirme. No despiertes Camila querida, te amo.
VERSOS
“La poesía es lenguaje calcinado, palabra calcinada. Es interrogarse a uno mismo, a la realidad y a los lectores. Y eso enriquece mucho aunque lo que se adquiere no tiene un nombre que se pueda definir. La poesía no es una cuestión de voluntad. Uno no escribe poesía cuando quiere, sino cuando quiere ella.”
Juan Gelman
8. Huellas
Podrás borrar los rastros
materiales visibles
pero no a los testigos
rayos de luna, estrellas
olas y colores
¿Dónde dejarás las risas
promesas e ilusiones?
¿Dónde esconderás el amor?
¿Dónde ocultar el alma?
Podrás borrar los rastros
externos, predecibles
Las huellas quedarán eternas
a fuego y sangre en tu alma
en un mundo ignoto y temido:
tus sueños
tu inconsciente.
No podrás borrar lo vivido.
9. Roblecito
Tú
No tenías fe en ti
No creíste en mí
Yo
Que dudaba de mí
Pero tuve fe en ti
Necesitaba
Una sombra para crecer
Y tú también
Perdidos, confundidos
Necesitábamos encontrar el camino
Hacia nosotros mismos
La marcha he emprendido
Tú sigues en tu sitio
No tienes fe en mí… ni en ti.
Te conformas con ser hierba
Teniendo un alma de roble
Tienes miedo de morir
Porque no sabes vivir.
DE OTROS
1. POEMAS
Cultivo una rosa blanca
(José Martí)
Cultivo una rosa blanca
en julio como en enero
para el amigo sincero,
que me da su mano franca
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardo ni ortiga cultivo
¡Cultivo una rosa blanca!
Madrigal triste
(Baudelaire)
5. INUNDACIÓN
(A mis abuelitos, 1996)
Anoche no dormí de nuevo. Te contemplaba mientras dormías. Traté de no moverme mucho y de no hacer ningún ruido. Tu sueño es tan frágil. Se rompe al menor peso. Entonces despiertas preocupada y te levantas a preparar leche con miel, ¡Cómo si me ayudara en algo! Pero entonces ya te sientes tranquila. Yo te lo agradezco, querida Camila. Tú siempre tan buena conmigo, siempre tan atenta con todos. Pero esta vez no puedes ayudarme. Acaricio tu largo cabello plateado que se desgreña de la trenza frondosa con que te peinas para dormir y tú, suspiras.
En la mañana, mientras lavo los platos del desayuno, tú me miras fijamente y preguntas qué sucede. Yo no te puedo decir. Evado tus preguntas. Para qué preocuparte? Para qué entristecerte? No quiero hablarte de mis noches sin sueño, cuando la veo acercarse a nuestro lecho y sonreír bajo su manto oscuro. Tengo miedo, Camila, mucho miedo: miedo de no saber qué pasará después, miedo de estar sin ti. Por eso me ves refugiarme entre tus brazos mientras tú ríes, alegre como siempre y me llamas niño asustado. Sé que pronto nos separaremos.
Todavía recuerdo el primer día en que te vi. Tú montabas airosamente un caballo tordillo, con tu hermoso cabello negro flotando entre el viento. Yo llegué a tu casa para comprar el caballo azabache que tu madre vendía, ¿lo recuerdas? Recuerdas cuando le dijiste a tu hermana, después de haberme visto, que yo sería tu esposo, sin saber Camila, que yo había decidido ya que serías mi esposa, mi reina desde que te vi la primera vez montando tu caballo... Eres mi reina, siempre lo serás, amada Camila. Juntos construimos un reino, nuestro reino. Es verdad que muchas veces discutimos fuerte, pero tuvimos la habilidad de no herirnos, de no dañarnos, de respetarnos siempre, y así nuestro reino se consolidó. Plantamos árboles y flores que desbordaron de colores nuestro jardín. Creamos un lugar tan bello como aquel, a la orilla del río donde por primera vez mis labios rozaron los tuyos, ¿Lo recuerdas aún? Fue en mayo, los nazarenos, los madrecacao y los árboles de fuego estaban cubiertos de flores. Un viento tibio desprendía algunas que se iban adornando las aguas claras. Los mangos ya estaban maduros. Lo recuerdo tan bien todo, con tanta lucidez. Puedo sentir el aroma de las frutas maduras...
Nos amamos tanto. Y ahora debemos separarnos. No quiero dejarte. Ni que tú te vayas. Por eso tengo miedo. Por eso no duermo, para impedir que se acerque y nos separe. Porque al verme despierto, se va. Has de saber, esposa mía que te sigo amando, como lo he hecho desde siempre y como lo haré por toda la eternidad. Una noche, me vencerá el sueño. Y uno de nosotros no despertará. La luz se habrá ido de nuestros ojos cansados. Si soy yo, no llores mucho por mí. Déjame ir a descansar mientras recobro fuerzas. Te esperaré, querida no lo dudes. Estaré esperándote detrás de los atardeceres. Y si eres tú... me harás mucha falta, pero te dejaré ir en paz. Porque te amo y agradezco el tiempo que me has dado. Sin embargo, ¡Oh, Camila! Mi alma está inundada de miedo!
Por eso no me levanto durante la noche. En el día, la luz del sol lo aleja un poco y el piso está seco, transitable. Pero de noche, se desborda. Inunda nuestro cuarto y si me pusiera de pie, me ahogaría. Sabes bien que nunca aprendí a nadar. Tú no lo sabes, no lo has visto. Por eso caminas sin hundirte. Vas y vienes sobre él. Yo no puedo. Te ríes porque no me animo a salir de la cama durante toda la noche. Para mirar la lluvia de estrellas tuviste que encender todas las luces de la casa y colocar velas encendidas formando un camino hacia la ventana. Tú lo hiciste entre risas y bromas, por mis extravagancias de anciano. No son extravagancias. Simplemente quería ver la lluvia de estrellas contigo, sin ahogarme. Quizá esa fue la última que vimos juntos. Fue hermoso.
No debería tener miedo. Es algo que a todos nos sucede, parte del ciclo de la vida. Por algo somos sólo humanos, con un cuerpo corruptible. Sólo por eso, me alegro. Aún cuando quizá no te vea por mucho tiempo. Porque cuando te vuelva a ver, ya no tendremos estos cuerpos que a pesar de todo el placer que nos han dado, también nos han limitado ahora. Y podremos estar juntos por siempre, como un solo ser.
Querida, esta noche me he dado cuenta: Yo me iré primero. Tú eres más fuerte y valiente, por eso no me preocupo tanto. Pronto va a amanecer. Los gallos ya están cantando. Esta noche sí dormiré. En la mañana te daré una rosa blanca y por la tarde llamaré a nuestros hijos y nietos para despedirme. No despiertes Camila querida, te amo.
VERSOS
“La poesía es lenguaje calcinado, palabra calcinada. Es interrogarse a uno mismo, a la realidad y a los lectores. Y eso enriquece mucho aunque lo que se adquiere no tiene un nombre que se pueda definir. La poesía no es una cuestión de voluntad. Uno no escribe poesía cuando quiere, sino cuando quiere ella.”
Juan Gelman
8. Huellas
Podrás borrar los rastros
materiales visibles
pero no a los testigos
rayos de luna, estrellas
olas y colores
¿Dónde dejarás las risas
promesas e ilusiones?
¿Dónde esconderás el amor?
¿Dónde ocultar el alma?
Podrás borrar los rastros
externos, predecibles
Las huellas quedarán eternas
a fuego y sangre en tu alma
en un mundo ignoto y temido:
tus sueños
tu inconsciente.
No podrás borrar lo vivido.
9. Roblecito
Tú
No tenías fe en ti
No creíste en mí
Yo
Que dudaba de mí
Pero tuve fe en ti
Necesitaba
Una sombra para crecer
Y tú también
Perdidos, confundidos
Necesitábamos encontrar el camino
Hacia nosotros mismos
La marcha he emprendido
Tú sigues en tu sitio
No tienes fe en mí… ni en ti.
Te conformas con ser hierba
Teniendo un alma de roble
Tienes miedo de morir
Porque no sabes vivir.
DE OTROS
1. POEMAS
Cultivo una rosa blanca
(José Martí)
Cultivo una rosa blanca
en julio como en enero
para el amigo sincero,
que me da su mano franca
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo
cardo ni ortiga cultivo
¡Cultivo una rosa blanca!
Madrigal triste
(Baudelaire)
¿Qué me importa que seas casta?
Sé bella y triste.
Las lágrimas aumentan de tu faz el encanto.
Reverdece el paisaje de la fuente al quebranto;
la tormenta a las flores de frescura reviste.
Eres más la que amo si la melancolía
consterna tu mirada;
si en lago de negrura
tu corazón naufraga;
si el ayer su pavura
tiende sobre tus horas como nube sombría.
Eres la Bien-Amada si tu pupila vierte
-tibia como la sangre- su raudal;
si aunque blanda
mi caricia te arrulle,
lenta y ruda se agranda
tu angustia con el trémulo
presagio de la muerte.
¡Oh voluptuosidades profundas y divinas!
¡Salmo de los deleites entonado en sollozos!
Tus ojos, como perlas, son fuegos misteriosos
con que las interiores penumbras iluminas.
Tu corazón es fragua;
la pasión insepulta
como ascua inextinta, dispersa su destello;
y bajo la celeste blancura de tu cuello
un poco de satánica rebeldía se oculta.
Pero en tanto, Adorada,
que no pueblen tus sueños
pesadillas sin término,
reflejos avernales,
y en lívidas visiones de azufre mil puñales
tajen tu carne ebria de filtros y beleños,
y a todas las quimeras pávida esclavizada
el augurio funesto mires a cada paso,
y convulsa te acojas al letárgico abrazo
del tedio irresistible que anuncia la alborada.
Tú no podrás, -oh sierva que me impones tu ley
y a tu amor me encadenas perversa y temblorosa,
decirme desde el antro de la noche morbosa,
con el alma en un grito: Yo soy tú mismo, ¡oh Rey!
2. CANCIONES
Te Recuerdo Amanda
2. CANCIONES
Te Recuerdo Amanda
(Victor Jara; compuesta para sus padres: Manuel y Amanda)
Te recuerdo, Amanda
La calle mojada
Corriendo a la fábrica
Donde trabaja Manuel.
La sonrisa ancha
La lluvia en el pelo
No importaba nada
Ibas a encontrarte con él
Con él, con él, con él.
Con él
Son cinco minutos
La vida es eterna
en cinco minutos
Suena la sirena
De vuelta al trabajo
Y tú caminando
Lo iluminas todo
Los cinco minutos
Te hacen florecer.
Te recuerdo, Amanda...
La sonrisa ancha... Con él
Que partió a la sierra
Que nunca hizo daño
Que partió a la sierra
Y en cinco minutos
Quedó destrozado
Suena la sirena
De vuelta al trabajo
Muchos no volvieron
Tampoco Manuel.
Te recuerdo, Amanda
Corriendo a la fábrica
Donde trabajaba Manuel.
Tú
Shakira Mebarak/Dylan O’Brien
Te regalo mi cintura
Y mis labios para cuando quieras besar
Te regalo mi locura
Y las pocas neuronas que quedan ya
Mis zapatos desteñidos
El diario en el que escribo
Te doy hasta mis suspiros
Pero no te vayas más
-Coro-
Porque eres tú mi sol
La fe con que vivo
La potencia de mi voz
Los pies con que camino
Eres tú, mi amor
Mis ganas de reír
El adiós que no sabré decir
Porque nunca podré vivir sin ti
Si algún día decidieras
Alejarte nuevamente de aquí
Cerraría cada puerta
Para que nunca pudieras salir
Te regalo mis silencios
Te regalo mi nariz
Yo te doy hasta mis huesos
Pero quédate aquí
-Coro-

